Soy demasiado cobarde para hacer lo que quiero. Romper
todo, eso quiero. No el mundo, ese deseo requiere un temperamento megalomaníaco
del que carezco. Lo mío quiero romper. Hachar los muebles y ver cómo se reducen
a pequeños trozos irreconocibles. Reducir a carcasa suelta los
electrodomésticos. A astillas espejos y cuadros, a páginas desgarradas los
libros. Arrancar las teclas del piano, tirarlas por aquí y por allá. Todo
mezclado, todo inservible. Luego vendría la fogata. Grande, linda de ver con
tanto cable, papel y madera que la engorde. Ese es mi sueño. Cuánto lo
disfrutaría, si no fuese por este humo que me pica muy adentro de la nariz y la
piel que arde y los ojos que siento llenos de arena o polvo o pelusas. Y
la garganta, como si una tenaza la apretara.
