TRACEY ROSE MAQUEIL Sudáfrica
Te resulta imposible soportar la imagen que te devuelve el espejo, sin la máscara.
Las cuatro unas. ¿O cinco? Confundo los dedos de la cuenta y vuelvo a empezar. Una obra de una artista plástica (una por cada país del mundo) acompañada (cada una de ellas) por una minificción. Textos, Patricia Nasello
TRACEY ROSE MAQUEIL Sudáfrica
Te resulta imposible soportar la imagen que te devuelve el espejo, sin la máscara.
Superado el fin del mundo, la esfera ovoide antes
conocida como Tierra boya fuera de su sistema solar, como si de un cometa sin
rumbo se tratase. Hasta que, luego de incontables eones y a centenares de miles
de años luz, es atraída por la gravedad de un planeta contra el que se
incrusta. Y la vida, ese germen caótico, nocivo y candoroso, sabrá abrirse
paso.
NJDEKA AKUNYILI CROSBY Nigeria
YOUNOUSSE SEYE Senegal
Soy demasiado cobarde para hacer lo que quiero. Romper
todo, eso quiero. No el mundo, ese deseo requiere un temperamento megalomaníaco
del que carezco. Lo mío quiero romper. Hachar los muebles y ver cómo se reducen
a pequeños trozos irreconocibles. Reducir a carcasa suelta los
electrodomésticos. A astillas espejos y cuadros, a páginas desgarradas los
libros. Arrancar las teclas del piano, tirarlas por aquí y por allá. Todo
mezclado, todo inservible. Luego vendría la fogata. Grande, linda de ver con
tanto cable, papel y madera que la engorde. Ese es mi sueño. Cuánto lo
disfrutaría, si no fuese por este humo que me pica muy adentro de la nariz y la
piel que arde y los ojos que siento llenos de arena o polvo o pelusas. Y
la garganta, como si una tenaza la apretara.
XUAN LOC XUAN Vietnam
Sobre el césped bañado en rocío, duerme una ballena. Las
flores nocturnas la iluminan.
Su sueño ha de estar labrado en océano, pienso. Es muy pequeña y, si siguiera
mi instinto, la tomaría para acunarla en la palma de mi mano. Sin
embargo, no la perturbo.
Su belleza es insondable.
MUSA CELIK, Turquía
MONA OMRANI, Irán
Dumas miente, no le
crea. Del castillo de If, ningún prisionero salió con vida. Edmundo murió allí.
Y no finja que desconoce el motivo por el cual le recuerdo esta historia. Usted
es un exempleado, un exesposo, un nuevo pobre en una cárcel tan ancha y abierta
como el sistema que lo expulsa. Otro miserable más que acabará sus días en esta
realidad izada a puro castillo: piedra, arriba hombre, arriba piedra.
ANNA SILIVONCHIK, Bielorrusia
Su familia pierde la paciencia y
pasa a maltratarla. En eso están hijos y nietos cuando un ángel atraviesa la
tarde. Sin embargo, es evidente que este ser, mil y una veces poderoso, no se
encamina a resolver situación alguna, ya que dirige su vista hacia otro lado y
continúa pedaleando el cielo como si nada.
Publicado en redes por la REM (Red de Escritoras de Microficción) el 25/11/24 en conmemoración al día de la Violencia contra la mujer
Catherine Razinkova, Ucrania
Socorre al puma herido
de bala, borra la marca del árbol dispuesto para ser talado, recupera la
libertad del cóndor que ya vendían. Pero detener este deshielo no es un trabajo
para ella sola, precisa la energía de todas sus hermanas. Sin embargo, sabe que
ellas partieron cinco atardeceres atrás. Resignada a su suerte, mientras
tiembla ante la proximidad del invierno, recuerda a la golondrina del Príncipe
Feliz. Los buenos escritores suelen tener el don de la profecía, murmura.