Ensoñación y prometidos

 


HANA CHOI Corea del Sur 

Lo que cuentan las mujeres a las que se les permitió acompañarlo durante algunas horas, exalta mi imaginación y expectativas. Así que me decido. Realizo el sacrificio que se debe a los dioses, obtengo el permiso del rey Minos y me dirijo al laberinto.

Sin embargo, para mi estupor, es un conejo el que sale a mi encuentro.

—¿Esperabas a alguien más? —pregunta con sorna.

—Esperaba a ese cuya vigorosa majestad es tan pujante que hasta el soberano le teme —respondo altanera.

—Dudo que te encuentres con él, la fila para verlo está desorbitada —replica ya sin asomo de burla—. Sin embargo, sí te van a llover, con el tiempo, monstruitos de poca monta. Vagos, mentirosos, gastadores compulsivos, mujeriegos…

Iba a continuar hablando, estoy segura, pero de pronto se interrumpe y consulta su reloj.

—¡Llegaré tarde! —exclama y se retira a paso apurado.

Las predicciones fatídicas del desconocido ahogan el fuego entusiasta que me animaba.

Doy media vuelta con lentitud.

Me alejo del laberinto.